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2006/9/29
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CORAZON OSCURO Y BELLO
Era una tierra lejada, un abismo profundo, alejado de las miradas indiscretas de la gente, la desolacion decoraba las amplias praderas, rodeadas de lugubres desdichas, e interminables sueños destrozados. Aquel lugar donde el dolor se cultiva con sangre, donde la crueldad fomenta la apatia. En aquel lugar florecio una flor, era bella y por tanto no pertenecia a este mundo, su cuerpo estaba sin vida y su vida no tenia alma.
Desde un universo distante, un ser supremo de admirable belleza, de puro corazon y nobles sentimientos, pudo ver atraves de la distancia, puedo divisar entre las tinieblas. Vio que en medio de la oscuridad algo bello habia florecido, y quedo cautivada. Asi esa magica luz se encarno en un angel y volo a lo lejos, atravesando el tiempo y la distancia, penetro las tinieblas, miro hacia los campos en donde los muertos yacian regados y sonrio. Fue entonces cuando el cielo se habrio, la luna su poder entrego, lo que muerte era ahora vida seria, aquellos que tristeza mendigaban ahora se saciaban de suculenta felicidad.
Y aquella lejana tierra en paraiso de bondad se convertiria, el aroma dulce de la ternura se respiraria y la dicha radiante reinaria. El angel contemplo la bella flor y le susurro, este es mi regalo para ti, el mundo perfecto en el que debes vivir. Porque la noche negra es, y esta tierra oscura y bella debe ser. Porque en medio de la noche, la belleza de tu corazon esta oscuridad ha de iluminar.
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Locura
Locura, bendita locura pues me permite evadir
toda la tristeza que noto hay en mi.
Locura, dicen que tengo locura
y no me importa el porque,
mejor tener locura que la amarga lucidez.
Es posible que esté loca, pero loca por amor,
el amor si es locura, pero sin explicación.
Locura, ¿ que es locura?¿El no tener razón?
o vivir quizas la vida dentro del corazón.
Que importa lo que piensen
los que creen tener razón,
yo elijo mi locura,
la locura del amor.

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Buenos días, tristeza
Buenos días tristeza, que bien que te has ido y te has alejado ya de mí, porque hoy sonrío de nuevo a la vida.
Hay algo dentro de mí que me hace muy feliz, hoy vuelvo a sonreír y no hay más tristeza para mí.
He conocido a alguien que me hace sonreír, con sus frases, palabras y poemas.
No quiero que me deje, ni se aleje de mí.
Y aunque halla días que no hablemos, yo sé que estás ahí, esperando a que llegues para hablar y hacerme sonreír.
Buenos días tristeza, aléjate ya de aquí, porque no conseguirás nada, pues ya soy muy feliz.
Copyright © 2005- María Jesús Luna
-All rights reserved-Todos los derechos reservados
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Suspiros, caricias, besos y deseos
Vuelan a ti mis pensamientos envueltos por mágicos suspiros. Vuelan a ti mis deseos mis sueños y mis desvelos.
Vuela el abrazo la caricia y el travieso beso. El amor envuelto cándidamente en el mas sutil de los anhelos.
Una suave y dulce canción palabras susurradas a tu oído Haciéndote perder la razón entrando por un momento a la inconsciencia que te hace desfallecer entre los tibios brazos del amor.
Vuelan hacia ti mis caricias, mis besos, mis suspiros, mis deseos y desvelos Vas atrapándolos haciéndolos tuyos Quedando exhausto entregado a esta pasión que atrevidamente sacude
tu enamorado corazón.

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LAGRIMAS DE BETHZAVE
Su cuerpo reposaba sobre un lecho de pétalos de rosas ya marchitos por el frío, sus hermosos ojos azules contemplaban fijamente una pintura de Cristo elevándose al cielo, en una mano sostenía una filosa navaja bañada en sangre, y en la otra mano la huella de la profunda cortada que ponía fin a su existir. Una noche soñó que podía volar, soñó que la distancia no seria problema para estar al lado de su hombre amado, soñó que estaba en sus brazos y el dolor no era mas dolor, soñó que su soledad no era mas su amante. Despertó con lágrimas en los ojos y el corazón hecho pedazos. De rodillas le pedía a Dios fuerzas para seguir viviendo, sus labios no conocían la pasión, pero su corazón conocía muy bien la agonía del desamor, conocía de tragedia, conocía de soledad, conocía el aroma del sufrimiento, pero no sabía porque tenía que pasarle a ella. Bethzave tenía un rostro angelical y un cuerpo que muchas modelos envidiarían. Solía sentarse semidesnuda al borde de su balcón a contemplar la gente pasar, nadie notaba su presencia, hubiera querido gritar pero sabia que nadie la hubiera oído. Por las noches contemplaba las estrellas, podía sentir que alguien la observaba, su cuerpo se estremecía con cada lágrima que escurría por sus mejillas, podía sentir como si a lo lejos alguien le acariciaba el rostro. Ahora sus restos yacen olvidados en una iglesia abandonada a las afueras de la ciudad, los buitres devoran sus entrañas, los gusanos se reproducen en su interior, el frió de la muerte su belleza consumió. El alma de Bethzave deambula por el mundo asesinando cruelmente a quienes la ignoraron, por donde pasa derrama sus lágrimas, las cuales queman la tierra y envenenan el aire. Su odio por la humanidad es el aliento que continúa su existir después de la muerte. Aun se detiene a contemplar las estrellas imaginando el rostro de su amor verdadero, imaginando lo que no pudo ser, recordándose porque odia al mundo y a sí misma.
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LA DANZA DE LA RISA
"Ahora voy a enseñarles la danza de la risa. Mi abuela decía que si la practicas dos veces al dia, viviras cien años, sabio y sano"
La danza de la risa es una venerable danza mistica que los taoistas chinos practican desde hace miles de años.
Comienza bailando alegremente, a tu modo y con tu propio ritmo, los brazos sueltos y la cara hacia arriba, como mirando felizmente al cielo. Mueve las piernas suavemente hacia fuera, imaginando que pateas toda la tensión y los problemas que pudiesen afectar tu felicidad ( si tienes "enemigos" que te estan haciendo daño, las deidades taoistas permiten que des una patada suave en su direccion, pero no para hacerles daño, sino para hacerles una advertencia); luego, mientras estes bailando con la cabeza inclinada hacia atras, comienza a reir y continua riendo, sin cesar, como las hojas de bambu en el viento.
Para aquellos que nunca han oido ese sonido, las hojas de bambu movidas por el viento emiten una especie de susurro rapido y agudo, que solo cesa cuando cesa el viento. Casi sin duda tu notaras, tal como yo, que tus primeros intentos de "reir como las hojas de bambu" son bastante torpes, pero pronto adquirirás practica.
Una de las cosas mas importantes en el camino es el sentido del humor. El humor es un aspecto esencial de la humildad y uno de los grandes poderes secretos ocultos; su capacidad para acabar con el sufrimiento innecesario y permitir que las duras pruebas se vean con objetividad constituye uno de los mas grandes dones que nos ha dado lo Divino. Esta danza de la risa es maravillosamente efectiva para hallar una chispa de humor en casi cualquier situacion; incluso si la prueba que tú atraviesas no es algo que mueve a risa, saber que tú aún puedes reir, te dará acceso a tu propia divinidad interior.
Todo aquel que intenta realizar un cambio en el mundo vera necesario realizar esta danza a menudo.
A veces, junto con la danza repito también estas palabras de Rumi: "Creación y destrucción; danzo para ambas". La risa entonces se convierte en un intento por reflejar la risa divina y con ella plasmar la risa divina de mi ser. La risa divina es como la risa de un niño, encantadora, sincera, pura. Mientras bailo, procuro reir sintiendo esa libertad.
Practícala, descubrirás y te asombrarás de tu sentido del humor. | | | | 2006/9/27
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Ya estaba acostumbrada..
o resignada...
a ese orden logico
de vivir con la tranquila prolijidad
de que las cosas estan
en su lugar correspondiente.
Aprendi, como aprendieron todos,
a llorar llorando para adentro,
asi nadie corre el riesgo
de que un rayo de sol toque la lagrima.
No es comodo encontrar
una lagrima debajo de la servilleta y tener que pensar en su motivo: eso arruinaria la dificil digestion de un hombre preocupado por su trabajo permanentemente.
Aprendi, como aprendieron todos, a no reirme sola mientras voy caminando por la calle.
Tiene que haber companya para que la risa no parezca una piedra lanzada al rostro de quien te ve reirte.No es comodo para nadie encontrarse de pronto y sin aviso con una risa suelta...
Esa desafinada nota de cristal que recorre el aire, hace que las cadenitas ajusten las gargantas,
que los maletines pesen una tonelada, que las agujas de los relojes pinchen como espinas y que las plazas se vuelvan totalmente visibles.
Acaso no pasaste nunca por delante de una plaza invisible?
Cuantas veces el dolor, el apuro, la rutina, han hecho que cruzara por una plaza sin darme cuenta, sin siquiera levantar la mirada para ver la copa de los arboles, sin oler la fragancia de la tierra humeda, a verde refrescado, despues de la lluvia...
En este estricto orden de las cosas, todo lo fui perdiendo, o casi todo.
Hasta las ganas de decir.
Por eso me hizo bien encontrarte.
Hacia tanto tiempo que no me aceleraba el corazon...
Prometiste volver, quien sabe cuando. Siempre hemos estado despidiendonos...desde hace cuantos anyos?
Siempre fijando una fecha lejana para el proximo encuentro.
Pero no importa,
hoy me rei caminando sola por la calle, hoy mire uno por uno los arboles de la plaza y hasta charle en voz alta con el aire liviano de la tarde, repitiendo palabras como suenyo y esperanza...
Y todo, todo se fue desordenando...
tengo palpitaciones
se me rompen las copas al lavarlas, de cada cajon que abro sale una nube de mariposas anaranjadas, amarillas, blancas..
se me caen las llaves al tratar de colocarlas en el hueco de la cerradura...
Tambien estuve llorando, por haber sido comoda, por haber resignado tanto, por haber permitido que me hiciera efecto la anestesia de la convivencia.
Gracias por el encuentro.
Gracias por haber sido
la unica persona que se dio cuenta, "de que tengo la mirada triste..."
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¿Quieres conocer mi alma?
Es fácil y sencillo Solo mira el universo y observa las estrellas Mi alma es como ese universo misterioso y oculto Todos los observan pero nadie puede descifrar su misterio Nadie puede ir por él y llegar a él seria imposible Pues así es mi alma Gran misterio para aquel que lo quiere conocer Brilla como miles de estrellas dentro de una oscuridad infinita Llegar a él es viajar, usando nada más que la imaginación Y alcanzarlo; es solo cerrar los ojos Y amar en toda su intensidad
¿Quieres conocer mi corazón?
Es fácil y sencillo Solo observa el mar Y te encontraras con él Mi corazón es como ese mar silencioso y profundo Todos los miran y sueñan con él pero llegar a entenderlo es todo un desafío Se mantiene silencioso y calmo mientras la tormenta no llegue a él Y la brisa suave lo acompañe Se agita y grita mientras la tormenta lo abraza desafiando su fuerza y su poder Mi corazón es como el mar Sí en el silencio de la noche Y en la tranquilidad del día Su latido es un suspiro, nadie lo escucha, ni lo siente Pero sí por casualidad el amor le llega y la pasión le devora Se convierte en fuerza y locura su latido es tormenta naciente que enloquece a la tranquilidad Y se agita eternamente.
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"El sufrir de una distancia"
Cuántas veces me siento perdida durante la noche, tejiendo recuerdos aún no borrados, temblando en el silencio y la frialdad de mi cuarto.
Cuánto sufro al no tenerte,
aun cruzando senderos,
y venciendo la ansiedad de ya no verte.
Sopla el viento con desdén,
duele mis entrañas, y de humilde tristeza despide mi sien y se viste mi aura,
me detengo en tu historia,
hace frio en mi alma,
no controlo el llanto que sucunda mi nostalgia,
me abrazo al vacio que tu sombra desgarra,
y me uno al dolor de lo simple en la nada.
Duermo al fin como tantas noches juntas,
con ansias de un beso de tus labios ajenos,
con deseos posesivos de penetrar tu cuerpo.
De sacarte la fatiga que impreganada llevas dentro,
de poder gritar...te amo!!!!!!!
si miedo a los cuatro vientos,
pero sigo ensimismada en la esperanza de un anhelo,
teniendo que callar ,
y ausente desde mi cuarto,
regalarle un suspiro dolorido al viento.
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Nuevemente estoy
llorando
Nuevamente estoy llorando
Pero hoy no es de tristeza
es de sentir que te amo
que en tu playa soy la dueña
Nuevamente estoy sonriendo
porque hoy te siento cerca
hoy se que mi corazón
vuelve a latir con mas fuerza
Hoy nuevamente te extraño
ocupas mis pensamientos
hoy es mi grito callado
el que grita que te quiero
Nuevamente estoy llorando
porque no te tengo cerca
que tengo aqui en mi interior
guardaditas tus ausencias
Hoy nuevamente te hablo
porque mi amor no es callado
que si no pudiera hablarte
se romperia en pedazos
Nuevamente estoy llorando
pero hoy no es de tristreza
es de sentir que me amas
que sigo siendo tu estrella
| | | | | | | | | 2006/9/20
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Alcanzar la libertad
Empezaron a volar por el inmenso salón, realizando piruetas y lindas cabriolas. A su paso dejaban una preciosa estela luminosa. Eran dos bellas figuras que se deslizaban ágilmente por la inmensidad del vacío. Una preciosa dama de pelo anaranjado como el fuego, largo y frondoso, que enmarcaba dos preciosas piedras azules, incrustadas en un delicado rostro de blanca tez. La otra figura, un apuesto galán, moreno de ojos grandes y oscuros, delgado y frágil. Ahí estaban los dos, batiendo sus maravillosas alas, como mariposas al inicio de la temporada estival. Se deslizaban en el increíble escenario de aquella sala majestuosa, con gran facilidad.
Sus ropas eran escogidas y bellas. Ella llevaba un delicado vestido blanco, largo, con encajes en la parte superior y unos finos bordados en las costuras. Él, un espléndido traje negro, parecido a un “smoking”, pero más elegante, liberándole por completo de tanta rigidez y formalidad. De fondo, sosteniendo su acrobático baile, una cautivadora música, lo llenaba todo.
La sala estaba iluminada por magníficas lámparas de cristal de bohemia, que brillaban con cegadores destellos de color y bañaban de luz y ensoñación el entorno. Los ricos cortinajes se deslizaban a lo largo de los grandes ventanales. La estancia era una increíble mezcla de luz y de color en tonos suaves, relajantes y acogedores, blancos, rosados, amarillos, grises azulados, claros y agradables a la vista. Y allá estaban ellos. Solos. Batiendo sus alas y fundiendo sus corazones, al unísono.
Sin duda, la magia brotaba de todos y cada uno de los rincones de aquella enorme sala que a la vez parecía tan pequeña, como una de esas delicadas bolas de cristal donde todo un mundo está contenido ahí adentro. Sin embargo, sólo bastó un instante para que el hechizo se rompiera, convirtiéndose en un infierno. En una auténtica pesadilla. Sólo un segundo bastaría para que aquel universo contenido en la pequeña bola de cristal se rompiera en mil pedazos de un estruendoso golpe: “¡Alto, criaturas desagradecidas!”-se oyó de pronto un rugido-. Era la voz de su amo. El señor y dueño del gran caserío había regresado de su viaje anticipadamente.
Los dos bailarines quedaron congelados, como sí la cuerda de la cajita de música donde bailaban se hubiera terminado de pronto. “Se- se- señor, nosotros no, sabíamos….”, -balbuceó la figura femenina, ahora más diminuta que nunca, ataviada con aquellas ropas que no le pertenecían. El señor, estaba inmóvil, contemplando aquella escena irreal, y de pronto se convirtió en un torbellino de furia. “¡Basta!”,-rugió-. “Os dejo unos días solos y ya os creéis los dueños del mundo. ¿Con qué derecho os atrevéis a invadir mis habitaciones y usurpar mi puesto…?” “Os he tratado bien, pero os habéis aprovechado de ese privilegio.” “¡Se acabó!”,-chilló enloquecido.
Pero señor…”,-intentó excusarse tímidamente la empequeñecida figura masculina en defensa de los dos-. “No era nuestra intención ofenderle ni usurparle, solo queríamos convertir un sueño en realidad…”” ¡No quiero excusas!”-gritó furioso el dueño-. “Habéis abusado de mi confianza y pagaréis por ello”. Los dos fieles sirvientes, que habían trabajado desde que eran niños y que habían puesto su vida al servicio de su señor, no podían creer que por tan poco fueran expulsados del paraíso y condenados a enfrentarse a la realidad del mundo. Lo que ignoraban entonces, los dos infelices bailarines enamorados, era que aquello suponía el fin de su esclavitud y el comienzo de una nueva vida en libertad; lo que aun ellos ignoraban es que el verdadero paraíso estaba en su interior, esperando que tomaran las riendas de sus vidas. Ahora son dueños de sí mismos y disfrutan de su vida cómo y donde quieren. Podéis verlos bailar dibujando mágicas piruetas al son de su propia música en cualquier calle, parque o jardín, en cualquier semáforo de cualquier ciudad; batiendo sus alas como mariposas de colores cuando llega el verano; su corazón, latiendo al unísono: ¡Por fin son libres!
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Besos de Mariposa
Cuando lee, apoya el mentón sobre sus manos y se coloca a la altura del libro, su frente te arruga mientras su lengua y sus dientes juegan con sus labios. Cada tanto se detienen y repiten algún pasaje haciendo mímica con las palabras. A veces también, sin razón aparente, levanta los ojos al cielo y sonríe soñadoramente, o simplemente, permite que el brillo de sus pupilas revele la nostalgia que asalta su alma. Lee lento, saborea cada palabra, cada espacio y cada silencio.
Cada tarde era el mismo ritual, el entraba, me saludaba sacudiendo su mano y se deslizaba una vez más entre los viejos estantes poblados de historias, y yo con mis ojos perseguía su figura y me perdía en su mirada. Encontraba algo y venia a mi complacido de su hallazgo. Me daba su carné y yo me hacia la tonta y le miraba como si fuera la primera vez, repetía su nombre en voz alta poniendo un signo de pregunta al final, no porque no lo supiera, no , ere solo por el placer que encontraba en la fantasía de llamarlo y que me respondiera. Luego me agradecía aleteando sus infinitas pestañas de mariposa y regresaba a su burbuja henchida de fantasías.
Y yo por fin respiraba y suspiraba y volvía a caer, como borracha, sobre mi silla. Así había sido durante meses. Cada noche cuando mis parpados cedían por el cansancio, cual pantalla de cine, proyectaba sobre ellos la imagen de sus esperanzados ojos vacilantes, y me dormía con una enorme, anhelante sonrisa. El logra iluminar mi rincón más oscuro, y me atrevo apostar que no necesita más que la luz de sus ojos para ver el mundo con límpido detalle.
Pero una tarde no fue como todas, no acarició la portada de su libro antes de partir, no contempló la sala antes de atravesar la puerta, salio rápido, sin mirarme, sin su habitual parsimonia, y dejo olvidado su pequeño cuaderno amarillo.
Le seguí escaleras abajo, pero se había ido. Lleve conmigo aquel tesoro, solo para estar segura de que estaba a salvo, pero esa noche la imagen de sus pestañas como mariposas aleteando, llenando de cosquillas mi estómago, arrancó mi desvelado cuerpo de la cama, sucumbí a la tentación y comencé por la primera pagina. El amanecer me encontró tendida sobre la alfombra, con el cuaderno en los brazos.
Había leído mi alma, escrita con caligrafía de hombre, había comprendido que no me encontraba sola. Esa tarde, decidí, por primera vez que le hablaría.
Las horas sucedían lentas y dolorosas, y con la arena del reloj también mi ilusión fue cayendo: el no vendría. Aterrada y en silencio busque respuestas a mis preguntas en el cuaderno amarillo.... Quise creer que me hablaba a mí cuando escribió estas palabras:
“ Ven a mí, amada mía,
aunque creáis que es muy tarde...
Ven por mí,
llévame lejos.
Desnuda y desatada
en mis brazos tu serás.
Ven a mi, ven junto con el viento,
yo siempre te he amado”.
Había puesto su dirección en una de las paginas en caso de extravió, y a por el fui, corazón en mano. Toqué el timbre de su casa, una, dos, tres, muchas veces, pero nada sucedía. Entonces acampé en las escaleras, junto a su puerta, convenciéndome de que no era tarde.
Cerré los ojos mientras repetía para mis adentros: “ ven a mi, ven junto con el viento, yo siempre te he amado” una y otra vez, una y otra vez, como si fuera una mantra.
Un susurro endulzó mi tímpano izquierdo: “ Ven a mi, amada mía” , y al girarme reconocí esas dos mariposas que el tiene por pestañas.
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Noches y silencios
Se dice que hay siete maravillas en el mundo. Pero el silencio que hay aquí, en estos precisos instantes podría considerarse una maravilla más. Con él me siento formar parte de la noche, refugiada en la fresca oscuridad de mi cielo repleto de estrellas. Me siento cerca incluso de mi misma.
Pero esta sensación, a veces tan agradable como la de tu presencia, suele venir disfrazada con otro nombre.
Esta sensación no habla, no ríe, no tiene calor, carece de vida.
A veces su disfraz es la persistente soledad, esa que incesantemente se empeña en recordarme que no estás.
La noche me parece un colosal gigante que lo abraza todo, capaz de envolver al mundo entero en sus potentes brazos negros y nadie puede negarse a oír su apacible canto.
Todos acabamos durmiendo al escuchar su silenciosa canción de cuna y al sentir en nuestra alma su suave balanceo.
Me gusta la noche. Me ayuda a pensar mejor, ya que inmersa en ella me olvido un momento del mundanal ruido, del peso de la obligación y de las cadenas que me esclavizan a la ineludible realidad de cada día.
Que amada en la noche me siento, a veces formar parte del universo y soy consciente de la cantidad de belleza y vida que contiene en su infinito.
Pero cierto es también que, en ocasiones, la noche me llega a dar miedo, pues sus sombras acogen de igual modo las formas más oscuras y frías de mis propios pensamientos negativos, mi dolor, el recuerdo de un pasado que ya no tengo, todo.
La noche y su silencio no acallan nunca el corazón. Suele ser la mullida almohada de nuestra alma, enamorada o desesperada.
Ella es testigo de nuestro interior y a ella le confesamos nuestros secretos sufrimientos.
A veces incluso, hace que la oscuridad aún se vuelva más silenciosa todavía y así algunas personas pueden escuchar los pensamientos de otras, a pesar de la distancia que las separa. A veces ocurre, sí.
Por eso desde aquí, desde mis sombras y mi silencio, he burlado un instante la vigilancia extenuante de mi carcelera Soledad y le he pedido a la mágica noche que se apiade de mí y que extienda su suave terciopelo negro para que mi corazón escriba con letras de fuego su mensaje de amor.
Le he pedido, rogado y suplicado a la noche que haga que la quietud sea absoluta y te lleve, allá dónde estés, el deseo de mi corazón y la necesidad que siente mi alma de reunirse con la tuya.
Sé que me has escuchado y que pronto llegara a tus sueños mis mensajes de amor grabado a sangre y fuego.
Gracias a la noche y su serena obscuridad, mi alma llegará a la tuya a través de su puente de silencio.
Inmerso en tu silencio y en la paz de tu descanso, oirás cuanto te quiero.
Yo, entre tanto, me resignaré a seguir permaneciendo en la prisión de mi soledad. Aquí te continuaré esperando. Y a la noche y su silencio seguiré escuchando, con la férrea esperanza de descubrir en su quietud el inconfundible sonido de tus pasos.
-Jamás he querido a nadie tanto-.
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El espíritu de una madre
Había una vez una muchacha cuyo padre era el jefe de un poblado.
Su madre había muerto y su madrastra era muy cruel con ella. Muchas veces, la pobre muchacha acudía a llorar ante la tumba de su madre, hasta que un día en el que se sentía muy desdichada, vio que la tierra de la tumba se había abierto y que en ella crecía un tallo verde.
Mientras lo miraba fue formando hojas y capullos, hasta convertirse en un arbolillo, y por fin en un árbol, que murmuró:
No llores más, hija mía.
Tu madre está junto a ti.
Come algunas de mis frutas.
Y confía siempre en mí.
Y la muchacha vio, con gran sorpresa, que de la rama del árbol colgaban varios frutos. Los cogió y se los comió, y como tenían muy buen gusto enseguida se sintió mejor.
A partir de aquel día, acudió siempre al árbol. Comía unas cuantas frutas y volvía a casa sintiéndose feliz. Sin embargo, su madrastra se dio cuenta de que la chica parecía sana y contenta y eso no le gustó nada.
Un día, sospechando que pasaba algo que no sabía, decidió seguirla y, por la noche, le dijo a su marido, el padre de la muchacha:
Quiero que hagas cortar ese árbol. No deja crecer las hortalizas de mi jardín. Al principio, el padre de la chica se negó:
¿Por qué cortar un buen árbol frutal?
Pero la mujer insistió y, por fin, para no discutir más con ella, el jefe hizo que talaran el árbol y dio por terminado el asunto.
El tronco quedó tirado, aparentemente muerto, y la muchacha se echó a llorar sobre él. Permaneció allí bastante tiempo, rodeándolo con sus brazos.
De pronto, oyó un susurro que parecía proceder de debajo de la tierra. Miró con más atención y vio que de las raíces del árbol salía un brote que empezó a crecer y crecer, hasta convertirse en una calabaza de la que rezumaba un jugo muy dulce.
La muchacha bebió unas cuantas gotas y lo encontró tan nutritivo y estimulante que, a partir de aquel día, cada vez que se encontraba hambrienta o se sentía desgraciada, iba hasta la calabaza y bebía unas gotas del precioso líquido.
La madrastra que no perdía detalle de los comportamientos de la muchacha pensó que tenía un aspecto demasiado saludable y, como era de esperar, no tardó en descubrir la calabaza. Muy furiosa, la arrancó y la tiró al estercolero.
Al día siguiente, la muchacha estaba desconsolada. Se tiró al suelo junto a la tumba y se quedó allí, llorando con gran pena, cuando escuchó el borboteo del agua que manaba de la tierra, junto a ella.
¡Bébeme, bébeme! -murmuraba el agua.
La muchacha agachó la cabeza y bebió.
Esta vez, la madrastra se quejó a su esposo de que el manantial inundaba el huerto y que había que taponarlo. El jefe protestó, pero, al final, tuvo que ordenar que taparan el manantial con arena, de forma que la tumba volvió a quedar inerte y solitaria.
A pesar de todas las desgracias, la muchacha continuaba acudiendo cada día a llorar sobre la tumba de su madre.
Un día un joven salió de entre los matorrales, vio el árbol caído y consideró que la madera era ideal para hacerse un arco y unas flechas. Sacó su cuchillo, empezó a cortar la madera y, viendo a la muchacha, se puso a hablar con ella.
Soy cazador -le dijo-, y necesito este arco y estas flechas para trabajar.
Es mi árbol -le respondió la chica-. En otro tiempo crecía sobre la tumba de mí madre.
Continuaron charlando durante un buen rato y el cazador se sintió tan atraído por la muchacha que decidió pedir su mano.
Muy bien -dijo su padre-. Pero con una condición. Tienes que traer una docena de búfalos para el banquete de bodas.
Si lo consigue -se dijo la madrastra-, seremos ricos y, sobre todo, nos libraremos de la chica.
El cazador nunca había cazado más de un búfalo cada vez -y eso ya resultaba bastante difícil-, pero esta vez, apenas se había internado en la sabana, vio un rebaño de doce búfalos exactamente, descansando a la sombra de un árbol enorme.
Montó una de sus flechas nuevas en el arco y la disparó. El primer búfalo cayó muerto. Disparó una segunda flecha y otro búfalo cayó rodando, y una tercera, y una cuarta.
Una hora más tarde, el cazador regresó a decirle al padre de la muchacha que podía enviar a sus hombres a recoger los búfalos y llevarlos a la aldea.
Así pudo celebrarse el banquete de bodas, y el cazador se casó con la muchacha y se la llevó con él, alejándola de la malvada madrastra.
Y el espíritu de su madre pudo, por fin, descansar en paz.

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Miedo a perderte
Horas de no dormir, pensamientos muy lejanos, recuerdos de otros tiempos llenos de amor y de ternura. Absorbida la mente en algo que sé bien que me desanimará y me hará caer en la tristeza, pero que no puedo evitar aunque quiera.
A veces se confunden mis pensamientos y mis sentimientos y me ilusiona creer y tengo fe en que todo llegue a buen fin. Pero también veo todo un recorrido difícil, tortuoso, y me asaltan mil preguntas sin respuesta… ¿Me querrás lo suficiente? ¿Podrás y tendrás paciencia para esperar?
Bajo la mirada y la clavo en un punto en el suelo, y siento como esas preguntas acuden a mi mente como bandadas de pájaros negros agitando sus alas inquietas, y me desaniman esas preguntas que vuelan al aire, sin respuesta. Sé que en esa espera, otro cálido viento puede traerte dulces aromas de otras tierras, de otros mundos, y perderte.
Lo que no se vive de cerca tiene ese riesgo, pero también es mucho más profundo, mucho más sutil y no se oxida con el aire de lo cotidiano… me pregunto, entonces si será esa lejanía lo que ahonda más y más en mi ser, lo que me impulsa cada día a hacer más locuras por ti. ¿Será ese miedo a perderte, sin siquiera haberte poseído un solo instante, el que me agarra a ti como enredadera a la pared? Tú que formas ya parte de mí.
Llega un tiempo ya vivido, un camino que ya ha sido recorrido. El pasado se recicla rebobinándose en mi mente con antiguas impresiones que ahora son distintas y completamente nuevas. Y nunca podría comparar lo que sentí entonces con lo que ahora siento por ti. Pienso y en esos pensamientos están mis ilusiones, mis sueños creados, mis esperanzas solapadas en cada recoveco, pero tengo miedo, mucho miedo. Y mientras remuevo el pasado en el futuro me quedo enredada en el presente, inmóvil. El tiempo lineal es incesante, tedioso y no perdona, y a mí se me hace largo sin ti. Pero yo vivo en otro tiempo, ese que te aspira hacia la vida, ese que te conecta con el aquí y el ahora. Y sé que eso tendrá que pasarme algún día la factura. Pero qué lindo es amarte como te estoy amando, qué bello sentir ese continuo dolor vibrante, esa sensación, ese dulce sin vivir que es el Amor.
Sé que el amor es algo latente que todos tenemos dentro esperando que alguien lo reviva. Esperando que salte esa llama que haga arder el corazón a fuego vivo. Tú encendiste en mí esa chispa prendiendo lo que hacía tanto dormía en mis entrañas hasta el punto de haber olvidado lo que era. Pero ahora lo siento tan fuerte. Te siento tan adentro que tengo miedo, sí. Miedo a volver a perderte, como entonces. Miedo a quedar apagada, reducida a cenizas polvorientas y grises. El miedo me ha invadido y se ha apoderado de mis sueños. Tu indiferencia, tu ausencia, tu pérdida destronaron el amor que un día reinara en mi corazón. La soledad ha cobrado tu forma y ya es parte de ti, y de mi misma.
Por momentos no quiero pensar en ello y, sin embargo, no puedo evitarlo. Me asaltan ilusiones y me agarro a ellas como a un clavo ardiendo. El verte nuevamente, el saberte a mi lado, aunque sea poco tiempo,-no me importa-, me devuelve la luz y la alegría. Cinco minutos, sólo cinco minutos sin siquiera decirte una palabra, porque todo lo diría el corazón con mi abrazo y con mis besos. Y sólo con mirarte sabrías cuanto, cuantísimo te quiero. Es ahora, en este preciso instante, cuando mirando tu foto me digo que te tengo, que qué bello es amarte, dure lo que dure, se cumplan o no los sueños…
Se derraman lágrimas en mis ojos y es el momento en el que beso tu foto posando ahí mi espíritu y mi boca, igual que un ave que descansa por fin en una rama, apago la luz, y contigo otra luz más cálida se enciende, ilumina mi mente y mis sentidos y entro en un dulce dormir…
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